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  • Javier Mateos Arévalo

El discurso WIN WIN

"Venid, os esperamos a todos", "no faltéis", "no os lo perdáis"...

Las redes sociales están plagadas de eventos y llamadas de atención a la población, los amigos y la familia en general para que nadie se pierda el último conciertazo o evento artístico que ocurrirá de forma única e irrepetible en algún lugar lugareño.

Los artistas "locales" llaman a la gente para que vengan a compartir con ellos espectáculos de los que se arrepentirán de no haber asistido. Para ello los artistas tienen que crear, a través de las redes sociales, un perfil de ellos mismos para explicar quiénes son, qué hacen, y por qué es tan importante que no te pierdas lo que están haciendo. Este perfil consiste en la historia de un artista en pleno "despegue" y crecimiento que, con frecuencia, empezó la música en el vientre de su madre o a edades tempranas. La música que se presenta es, una y otra vez, una mezcla de colores, sabores y olores con un toque personal. Por ejemplo: "el proyecto X (llamémoslo X, ¿vale?), nace de la voluntad de dos amigos/ hermanos/ compatriotas que querían hacer un grupo de jazz (o blues, o funk o lo que sea). El proyecto X es una mezcla de influencias de los cinco continentes con una dominancia de sus influencias rock pop y un toque de jazz y no sé qué"

En las descripciones se suele leer también cosas como: "en el menú, un repertorio de standards de jazz y composiciones originales interpretadas de tal o tal forma con tal o tales influencias". Suele haber alabanzas a la creatividad, la energía, el groove y todo eso, de forma que, a veces parecen plantillas que las redes sociales dan para rellenar el texto del evento...

En mi propia experiencia vital he asistido a esto y, por supuesto, lo he hecho como parte inherente al desarrollo artístico personal. Hoy en día es una forma "mainstream" de crear una identidad artística y dar a conocer tu creación: Crear una página web, una página de Facebook, Instagram u otros, exige generar un texto que permita comunicar con los agentes culturales (publico, instituciones públicas de la cultura, instituciones educativas y agentes culturales privados; o sea, todo el que te puede contratar o ayudarte), quién eres, de dónde vienes, qué haces y por qué lo haces. No digo que esta sea la única vía de obtener una identidad artística ni dar a conocer tu creación. Hay artistas que consiguen esto en diversos contextos donde, por ejemplo, su medio social y/o geográfico y la mera exposición de su creación, le llevo a la consecución sinérgica de estos objetivos. En cristiano, como me explicó un cantautor francés, en una conversación informal: "me fui a Francia joven, aprendí tres acordes con la guitarra, y compuse tres canciones. Después la gente me pedía más y aprendí otros tres acordes, y así y compuse otras tres. Y así hasta hoy "Quiero decir con esto, que este señor que tenía ya unos sesenta años cuando lo conocí, nunca le falto trabajo y se dio a conocer por su propia obra sin tener que definirse a sí mismo: su propia creación le definía. Pero bueno eso es otro contexto social donde no existían los medios de comunicación de hoy ni pasado mañana..

Hoy puedes hacer lo mismo, pero en el momento en que entras en un circuito artístico los agentes culturales (ya sea un bar o un museo), necesitan que tu creación adquiera un aspecto de producto, con todas esas informaciones, porque (y esto es, quizás, un debato de camisa de once varas), tu música tiene que venderse. Y se vende como un producto inmaterial, pero, un producto, a fin de cuentas. Un producto tiene que tener en la etiqueta el nombre y los ingredientes, y otras advertencias ("atención, a lo mejor te dan demasiadas ganas de bailar, no vengas solo") ... Bueno, pues con esta parábola de yogures volvemos al asunto de la identidad artística y la creación, ahora enmarcado como producto.

La verdad que dicho todo esto, la problemática se vuelve muy simple: Lo que seguro que no vamos a decir en esta "etiqueta" es que "lo que hago me parece una puta mierda". El discurso del propio artista solo refleja lo positivo. Es evidente. No vas a decir que solo tienes una fecha en el futuro. Dirás que es un concierto único (e irrepetible). Algunos artistas ponen una página en sus espacios con los conciertos que ya han hecho. Yo creo que una forma de mostrar actividad cuando hay ausencia de fechas anteriores. Ciertos artistas basan su imagen artística en la presencia masiva sobre las redes para dar una sensación (real o no) de actividad. Parece que colgar videos y fotos a la búsqueda desesperada del like amigo es una vía de éxito dura y traicionera, pero reconocida por muchos como "esencial hoy en día". Este hecho me recuerda a la expresión del mundo empresarial "WIN WIN" ("Ganar y ganar") Donde ya no hay proveedor y cliente y todo es un partenariado en el que todos ganan sin parar en una relación sinérgica (los que me lean verán que encanta esa palabra)

El objetivo de este post no es tanto criticar este modus operandi, sino hacer un análisis de él y ver de qué forma la creación artística se define hoy en día a través de los medios telemáticos. Encontramos, en este plano local, una visión reducida de la creación musical hacia una sola temática de éxito social, personal y artístico. Si miramos internet, parece que todo va viento en popa. Sin embargo, esta concepción artística refleja raramente ciertas realidades con las que el mundillo de la música convive hoy. A mi modo de ver, la enorme oferta artística que hay, y la mediocre demanda al respecto, no dejan sitio para la crítica. Y digo mediocre porque no creo que pueda rebatirse las pésimas condiciones en las que muchos artistas, de toda índole aceptan tocar: prestaciones sin contrato, mal pagadas, pagadas con "sombrero" o bebidas alcohólicas a cambio, declaradas como dietas, cobradas (en el caso de las orquestas y procesiones) con retrasos de años a veces... Es muy sencillo: Hay tanta gente que quiere tocar, que, si no pasas por el aro, como todos pasan, te quitamos y llamamos al siguiente...Esto lo he comprobado y vivido en Bélgica, pero he visto situaciones parecidas en España e Italia. He de decir que no soy un gran viajero, pero me imagino que es un fenómeno habitual...

Es curioso, las redes sociales permiten que el propio musico se desarrolle a través de sus propios contactos y amigos. De "tú a tú". Lo que ocurre es que el musico acaba haciendo contactos para desarrollarse, de 'tú a todo cristo", puesto que, la presencia en las redes es, posiblemente un atributo más codiciado que la producción artística en sí. A las redes sociales todo esto parece venirle bien. Son herramientas de marketing que consiguen la concreción máxima en sus productos. Llegan a las necesidades concretas de cada uno, para ofrecerte servicios adaptados a tu gusto concreto. Me imagino que para eso sirve la cantidad de datos que compartimos: para que se te muestre lo que buscas. El gran cambio es que el artista utiliza una herramienta en la que su propia vida personal esta mezclada a su vida profesional para crear un parámetro de éxito. cuantas más relaciones, más éxito... 


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